Quitandeira (Vendedora) 

La venta

Mucho sol y la vendedora
A la sombra de un árbol

íNaranja, señora mía
Naranja buena!

La luz juega en la ciudad
Su caliente juego
De claros y oscuro
Y la vida juega
En corazones afligidos
Al juego de la cabra-ciega.

La vendedora
que vende fruta
Se vende.

-íSeñora mía
Naranja, naranja buena!

Compra naranjas dulces
Cómprame también lo amargo
De esta tortura de la vida
sin vida.

Cómprame la infancia de espíritu Este botón de rosa que aún no abrió
Principio de impelido todavía no comenzado.

íNaranja, señora mía!

Se agotaron las sonrisas
Con las que lloraba, yo ya no lloro.

Y van mis esperanzas
Como fue la sangre de mis hijos
Amasadas en el polvo de las carreteras,
Enterrados en las rozas y mi sudor
Embebido en los hilos de algodón

Como el esfuerzo fue ofrecido
En la seguridad de las máquinas
Belleza de las calles asfaltadas
De edificios de varios pisos
La comodidad de los señores ricos
La alegría dispersa por la ciudad; y yo
Me fui confundiendo
Con mis propios problemas de existencia.

Allí van las naranjas
Como yo me ofrecí al alcohol
Para anestesiarme y me entregué
A las religiones para sensibilizarme
Y me aturdí para vivir.

Todo lo he dado.
Hasta mi dolor
Y la poesía de mis senos desnudos
Entregué a los poetas.

Ahora me vendo yo misma.
-ícompra naranjas
señora mía!
Llévame para las fincas de la vida
Mi precio es único:
La sangre.

Tal vez vendiéndome
Yo me posea.
íCompra naranjas!

Poema de Antonio Agostinho Neto, traducido por Vanessa Lopes, Angola

 


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